Iglesia, en Colima
Poemas, pensamientos, fotografía. Cosas que van cayendo conforme me dan ganas. ¡Uf, he creado un mazacote!
viernes, 22 de diciembre de 2017
viernes, 8 de diciembre de 2017
Visiones reales
Me desplazo,
ahora no sé cómo pisar
este terreno.
¿Hablaré de lo que veo?
Enormes pájaros blancos
cuyo nombre no conozco
surcan el cielo con una
facilidad que envidiamos
todos los seres humanos.
Hay aguas por ambos lados
de la carretera,
creo que estoy en una laguna,
lo digo porque lo único reconocido
son esos carrizos cuyos deditos
se mueven al compás del aire.
El cielo es el mismo, pero
no da los tonos precisos a esas
nubes de lluvia que parecieran
no portar gota alguna.
En este silencio
es fácil escuchar
unos mujidos de vacas lejanas,
de vez en cuando el gorgear
de algún avechucho
--en realidad esta visión
la he adelantado--
y, sobre todo, este viento
caliente que pasa por las
ramas y sobre el pasto.
jueves, 7 de diciembre de 2017
Olvido de la cápsula
La cápsula del lenguaje
no, mejor:
la cápsula del pensamiento
se erige vespertina
y en letargo somnolienta
con sus miles de manos
protegiéndome.
Burbuja giratoria,
filtro de las estúpidas sonrisas,
mide un tiempo que los demás
ignoran.
Fulgor autoinducido que me hipnotiza.
Nadie sabe que desde este
agujero blanco
me corresponde la creación...
No, mejor:
la perduración de un canto
carente de sonido
con el que enlazo
el futuro de lo escrito con
el pasado de lo escuchado.
No hay fin en esta canción
repetida y reconocida
otra vez (y olvidada).
lunes, 4 de diciembre de 2017
Orgullo en puerta
Amo mi ciudad y estoy orgulloso de ella. Eso muchos lo saben, ¿pero de dónde me viene ese cariño? Podría ser que lo hubiera adquirido en esos viajes de fin de semana con la familia cuando salíamos a ciertos caminos y bajo los árboles pasábamos el día completo, y ya de noche regresábamos mirando las luces de la ciudad bajo un cielo oscuro y eterno como dándole una oportunidad de vida.
O también será que he escuchado cientos de historias contadas por mi padre, sus hermanos y amigos sobre esta misma ciudad cuando era más chica. Incluso ir más allá, leyendo las historias de cuando fue formada desde su pasado indígena.
Pero en realidad me doy cuenta que todo comenzó y se fue nutriendo en esas tardes cuando yo me sentaba a ver pasar la gente y el tiempo en el umbral de la fachada. Ir sintiendo el tiempo con la certeza de que había ahí algo de divino. Así, sin prisas y sin tareas, se va advirtiendo un sentimiento de satisfacción que no sé qué tiene que ver con el perdón ya sea dado, ya sea recibido. Luego va llegando la oscuridad entre los últimos reflejos lejanos con lo que las siluetas de casas e iglesias van demarcándose y evaporándose para la vista. Las estrellas aparecen de repente como burbujas celestes que casi podemos escuchar.
Entonces, ahí sentado, ante esa maravilla visible, va creciendo ese orgullo interno, personal y secreto por esta ciudad que me ha otorgado esas visiones desde las cuales pareciera que posteriormente el tiempo les hiciera cobrar sentido a partir de este centro y este instante.
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