viernes, 29 de diciembre de 2017

Símbolos de México

Soy por Juárez

Verdades (II)

He jurado decir
        la verdad
desde no sé qué momento
            de mi infancia.
He sido puntual
y hasta traicioné a un amigo
en pos de la verdad.
Mi más profunda verdad
la sigo aquí
        cuando escribo
los poemas que no sé quién lee.
No hay mentira en ellos,
he de afirmar que jamás
            he mentido.
Cuando lo he hecho
salen de mí falsedades
        que minusvalorizan
mi trabajo y no lo admito,
tiro el poema completo.

El más alto valor
que pueden leer en ellos
tal vez no sea el estético,
pero sí el de la verdad;
así que puedo estar seguro:
mi más alto quehacer
es éste y en él no he
            mentido
(¿valdrá como pase al paraíso?).
Símbolos mexicanos

No una biografía

Falsa luz
    tangible
        de la tarde.
Segunda iluminación
de la
    lámpara
sobre algún árbol
        en otoño.
Senderos
    amplios
por contradictorios.
Imbéciles sonidos
procedentes de
        una fuente
que ha pasado por
    mi juicio.
Soledad
    incierta e
    imaginada
que al nombrarse
    se consuela.
Compañía sin rima
        que existe en
            retrospectiva
hacia un futuro
que se desarma.
Caos reconocido
    que se cierra como
        grieta
en un sentido
        cierto
        como estas sombras
dentro de lo oscuro.
Palabras que
    me cuento
numerándolas en
        desorden.
Imaginación inventada
para ser todo
    de lo que dispongo.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Traidor

Estoy leyendo dos libros, uno de Cassirer sobre la cultura, y otro sobre anécdotas de la Historia, de no sé quién. El libro de Cassirer es muy interesante, el otro es entretenido. Ah, pues resulta que prefiero leer el de anécdotas sólo porque está en formato digital. Yo que crecí entre libros de papel, ahora me siento un traidor. Maldita sea!
Pero, ahora que lo veo creo que hay otra razón: la facilidad de escritura y, por lo tanto, de lectura. Ahora hay ya unos estándares que lo digital está dictando sobre la concepción del texto en sí. Lo más evidente son los párrafos cortos, minúsculos, casi reducidos al renglón. Todo esto para ganar en güevones lectores, es verdad. ¿Sucumbiremos a estos dictados?

viernes, 8 de diciembre de 2017

Visiones reales

Me desplazo,
ahora no sé cómo pisar
este terreno.
¿Hablaré de lo que veo?
Enormes pájaros blancos
cuyo nombre no conozco
surcan el cielo con una
facilidad que envidiamos
todos los seres humanos.
Hay aguas por ambos lados
de la carretera,
creo que estoy en una laguna,
lo digo porque lo único reconocido
son esos carrizos cuyos deditos
se mueven al compás del aire.
El cielo es el mismo, pero
no da los tonos precisos a esas
nubes de lluvia que parecieran
no portar gota alguna.
En este silencio
es fácil escuchar
unos mujidos de vacas lejanas,
de vez en cuando el gorgear
de algún avechucho
--en realidad esta visión
la he adelantado--
y, sobre todo, este viento
caliente que pasa por las
ramas y sobre el pasto.


Haciendo y pensando

jueves, 7 de diciembre de 2017

Villa de Álvarez, Colima

Olvido de la cápsula

La cápsula del lenguaje
    no, mejor:
la cápsula del pensamiento
se erige vespertina
y en letargo somnolienta
con sus miles de manos
protegiéndome.

Burbuja giratoria,
filtro de las estúpidas sonrisas,
mide un tiempo que los demás
                ignoran.
Fulgor autoinducido que me hipnotiza.

Nadie sabe que desde este
agujero blanco
me corresponde la creación...
No, mejor:
    la perduración de un canto
carente de sonido
con el que enlazo
el futuro de lo escrito con
el pasado de lo escuchado.

No hay fin en esta canción
repetida y reconocida
otra vez (y olvidada).
Árbol sin colores

Foto tomada en Ajijic, Jalisco.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Orgullo en puerta

Amo mi ciudad y estoy orgulloso de ella. Eso muchos lo saben, ¿pero de dónde me viene ese cariño? Podría ser que lo hubiera adquirido en esos viajes de fin de semana con la familia cuando salíamos a ciertos caminos y bajo los árboles pasábamos el día completo, y ya de noche regresábamos mirando las luces de la ciudad bajo un cielo oscuro y eterno como dándole una oportunidad de vida.
O también será que he escuchado cientos de historias contadas por mi padre, sus hermanos y amigos sobre esta misma ciudad cuando era más chica. Incluso ir más allá, leyendo las historias de cuando fue formada desde su pasado indígena.
Pero en realidad me doy cuenta que todo comenzó y se fue nutriendo en esas tardes cuando yo me sentaba a ver pasar la gente y el tiempo en el umbral de la fachada. Ir sintiendo el tiempo con la certeza de que había ahí algo de divino. Así, sin prisas y sin tareas, se va advirtiendo un sentimiento de satisfacción que no sé qué tiene que ver con el perdón ya sea dado, ya sea recibido. Luego va llegando la oscuridad entre los últimos reflejos lejanos con lo que las siluetas de casas e iglesias van demarcándose y evaporándose para la vista. Las estrellas aparecen de repente como burbujas celestes que casi podemos escuchar.
Entonces, ahí sentado, ante esa maravilla visible, va creciendo ese orgullo interno, personal y secreto por esta ciudad que me ha otorgado esas visiones desde las cuales pareciera que posteriormente el tiempo les hiciera cobrar sentido a partir de este centro y este instante.